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La gripe de cada año

Por Nelson Montana - Jefe de Salud Ocupacional

Autoretrato después de la gripe (Edward Munch)

Cada año, entre los meses de septiembre y diciembre, volvemos a escuchar las mismas recomendaciones sobre la gripe que ya oímos el año pasado y el anterior, y hace tres y hace cuatro.... Sin embargo, y a pesar de la insistencia y la reiteración, sigue siendo una de las enfermedades más desconocidas y mitificadas de las sociedades modernas.

La información que va a leer a continuación es un repaso por las diferentes opciones que existen para afrontar, abordar, soportar y pasar la gripe.

La gripe es uno de los mayores problemas de salud pública de todo el mundo occidental. Pese a ello, aún no se ha encontrado un remedio para su cura.

Para comprender el fenómeno de la gripe y los errores que se repiten, hay que saber qué es. La gripe es una enfermedad de tipo viral, causada por el virus INFLUENZA. Existen tres variantes del virus de la influenza.

El tipo A puede causar la gripe tanto a los seres humanos como a otros animales, mientras que el tipo B es exclusivo de la raza humana. Por su parte, el tipo C causa una enfermedad respiratoria leve que no llega a convertirse en epidemia.

 

EL CONTAGIO.

La transmisión de esta enfermedad es relativamente fácil, basta con hablar, toser o estornudar para enviar los virus al aire y que otras personas puedan inhalarlo. El virus llega a nuestro cuerpo a través de la nariz y avanza por la garganta y pulmones adhiriéndose a las células del sistema respiratorio y comenzando a multiplicarse para atacar al organismo. La entrada de antígenos virales en el cuerpo provoca una reacción del sistema inmunológico, encargado de 'proteger' contra infecciones y agentes extraños. La fiebre y el dolor son estrategias del organismo para luchar contra el virus. Otra posibilidad más remota es que nos contagiemos cuando tocamos una superficie infectada, una puerta, por ejemplo, y, a continuación nos toquemos la nariz o la boca.

Los primeros síntomas aparecen al cabo de 1-4 días de haber 'acogido' el virus en nuestro organismo y los adultos siguen transmitiendo la gripe hasta los 3-7 días posteriores a haber sentido las primeras muestras de padecer la enfermedad. Se dan casos de personas infectadas que no presentan ningún síntoma, pero incluso ellos pueden transmitir el virus a otros.

Uno de los problemas de la gripe es que sus síntomas son muy similares a los de los resfriados comunes, lo que provoca que mucha gente crea que padece la gripe cuando lo que tiene en realidad es un vulgar catarro. Algunos de los síntomas que pueden ayudar a distinguirla son la fiebre alta (en los cuadros catarrales no suelen alcanzarse temperaturas tan elevadas), su aparición repentina, y la duración de los síntomas, que pueden llegar a durar entre una y dos semanas. Otros de los síntomas que permiten reconocer la enfermedad son el dolor de cabeza, la congestión nasal, dolor de garganta y tos seca, los dolores abdominales y articulares, el agotamiento extremo y en algunos casos incluso problemas gastrointestinales.

 

La gripe no es una enfermedad 'peligrosa' , y la mayoría de la gente se recupera en un par de semanas. Sin embargo, existen determinados grupos de riesgo en los que las complicaciones de la enfermedad, una neumonía, por ejemplo, pueden llegar a ser mortales. Se trata de las personas mayores de 65 años, aquellas que padecen algún tipo de enfermedad crónica, inmunodeprimidos o bajos de defensas, diabéticos, niños pequeños... En estas personas las posibilidades de que la gripe derive hacia una neumonía, una bronquitis, o una infección de oído son mayores y, en su caso, la enfermedad sí se convierte en una afección 'peligrosa'. Los pacientes asmáticos, por ejemplo, pueden padecer ataques de asma mientras están enfermos y en el caso de los niños pequeños es normal que sufran fiebres más altas que los adultos.

Una vez que el virus de la influenza se ha alojado en el cuerpo humano es difícil detener el desarrollo de la enfermedad. El único tratamiento posible contra la enfermedad es aquel dirigido a reducir los síntomas. Resignarse a padecerla es una buena opción. Descansar, beber mucho líquido (los zumos son un buen aporte de Vitamina C y ayudan a prevenir la deshidratación), y tomar algunos medicamentos contra la tos y la fiebre.

Por el momento, el mejor tratamiento contra la gripe es aquel dirigido a acortar los síntomas; en una persona joven, los médicos de familia recomiendan 'paciencia'. Además, se insiste en la importancia de vigilar los síntomas y su desarrollo para evitar las posibles complicaciones.

Precisamente porque la gripe es una enfermedad vírica, no tiene ningún sentido la insistencia de muchos pacientes en recibir antibióticos: los antibióticos no matan los virus , sino que, como la propia etimología de la palabra indica, 'matan' bacterias'. Sin embargo, y a pesar de que éste es un hecho científicamente demostrado, muchas personas insisten en que ya se curaron el año pasado con antibióticos y le piden a su médico que se los recete, o, lo que es peor, se automedican.

Algunas de las infecciones respiratorias más comunes sí tienen origen bacteriano, pero incluso en estos casos hay estudios que dudan que estos medicamentos puedan aliviar los síntomas o acelerar el proceso de recuperación.

 

EL RIESGO DE AUTOMEDICARSE.

La automedicación es un problema grave, además, la utilización masiva e inadecuada de fármacos es ya la cuarta causa de ingreso hospitalario en el mundo.

Es importante recordar que los antibióticos no curarán nuestra gripe y, por otro lado, sí pueden tener claras contraindicaciones. No sólo se trata de un gasto inútil sino que los antibióticos, además, pueden matar parte de las bacterias que tenemos y que son necesarias para el buen funcionamiento de nuestro organismo. Al margen de esta 'ecología bacteriana', el consumo desproporcionado y la automedicación puede generar resistencias a los antibióticos, que puede llegar a convertir a estos fármacos en sustancias inocuas cuando realmente sean necesarios.

En muchas ocasiones, la presunta 'curación' no es más que una mera casualidad que hace coincidir la desaparición de la gripe con el consumo de antibióticos. Otros expertos apuntan que se trata, simplemente, del llamado 'efecto placebo', es decir, una cuestión psicológica más cercana a la sugestión que a la curación.

Para muchas personas éste es el dilema que acompaña cada nueva temporada de gripe. Se recomienda la vacunación para los llamados 'grupos de riesgo'. A saber, mayores de 65 años, diabéticos, afectados del corazón, pulmón, riñón, asma, anemia o cualquier otro paciente con problemas en el sistema inmunológico... Se trata de personas con otras enfermedades subyacentes que pueden complicarse como consecuencia de la gripe.

Además, se recomienda vacunarse a los profesionales sanitarios, profesores, y a quienes vivan con algún paciente de riesgo, de manera que se evita que ellos mismos puedan convertirse en un foco de contagio para quienes les rodean.

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